El término ‘trauma acústico’ puede sonar a algo extraño, a un tipo de lesión rara y lejana pero es una patología más común de lo que se podría pensar.

 

Estamos más que acostumbrado al concepto de trauma aunque quizás lo usemos más, y de forma airada, en su acepción de choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente. Aquí vamos a tratar el que hace referencia a una lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo.

El trauma acústico no siempre se ha conocido por este nombre. Antiguamente era ‘la enfermedad de los carboneros’ por una sencilla razón: era en esta y otras profesiones similares, ejercidas en un ambiente muy ruidoso, donde la audición disminuía poco a poco hasta llegar a la sordera total.

En su definición más acercada, es considerada trauma acústico toda lesión producida en el oído interno, determinadas por impactos sonoros persistentes, como los que se generan en las obrafábricas, industrias o en una estampida, en las explosiones, etc.

Esto está en relación directa con la duración y la intensidad del ruido. Por norma general, se necesitan más de 80 dB para producir el trauma pues hasta llegar a esa intensidad, el propio oído, que es muy inteligente, tiene mecanismos suficientes de protección.

Esta lesión afecta de forma selectiva al tono frecuencial de 4.000 Hz. que se ve reflejado en el audiograma de la persona afectada como una caída acentuada de la curva auditiva, que se vuelve a levantar en el extremo tonal agudo.

En el entorno laboral, si desarrollas tu trabajo en un ambiente muy ruidoso, es obligatorio que utilices cascos especiales para no poner en riesgo tu salud auditiva o en su defecto, tapones anti ruido a medida.

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